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The story has ended +Two-shot.

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The story has ended +Two-shot.

Mensaje por December el Lun Ene 23, 2012 9:46 am

+ Nombre novela: The story has ended.
+ Autor: December.
+ Género: Drama y romance.
+ Advertencias: Nada que añadir.
+ ¿Adaptación?: Totalmente original.



Le miró atentamente como si algo en él la desconcertara. Como si por un momento no fuese un hombre de fiar, como si fuese a hacerle daño. Sus ojos comenzaron a emanar un líquido transparente que las personas con uso de la razón llamaban lágrimas. Claro que, en esos instantes la pequeña muchacha de mejillas rojizas no podía pensar claramente. Sus pensamientos estaban interrumpidos constantemente por aquellas palabras que decía aquel chico sin saber el daño que estaba causando. Un sollozo salió de entre sus labios y lo único que alcanzó a decir no era suficiente como para que aquello que se estaba rompiendo se reconstruyera. Estiró sus brazos en busca de sus manos, cosa que no encontró ya que él se echó hacia atrás. Buscaba algo de consuelo, un consuelo a el dolor que él había propagado, un alivio que solo él le podía otorgar. La enfermedad y el enfermero. Él. Todo él.

—Por favor... —murmuró la voz rota de la chica pelirroja.

Caso omiso a sus palabras. Parecía como que no le dolía en absoluto de las lágrimas de ella, parecía que no quería seguir allí. Quería huir, huir de sus lamentos, de sus plegarias, se le hacía demasiado difícil dejarla así pero debía hacerlo. Con paso lento y sin mirar hacia atrás el muchacho que hizo el daño se marchó. Ella en cambio se quedó allí, rebuscando el olor de su piel que se había quedado en el aire. Intentando encontrar el calor de su cuerpo, la confortabilidad de sus brazos. Buscaba la protección que su voz le brindaba. Buscaba cosas que nunca llegaría a recuperar, ya que él nunca volvería a su lado. Palabra dura que ella repetía constantemente en su mente, nunca. Mientras sus mejillas se enrojecían aun más a causa del frío, el cuerpo menudo de la muchacha se derrumbó en el frío suelo de aquella deshabitada calle.

Axel se giró bruscamente, seguía escuchando los llantos de su pequeña. No. No debía ir a donde ella, lo haría mucho más difícil. Ellos dos tenían que estar separados, por muy duro que fuese no estaban predestinados al mismo destino. Lo que le había dicho era demasiado fuerte. Había comentado que no la quería y que nunca ha querido estar con ella; cosa que era mentira. Desde el primer momento en el que Axel cruzó la mirada con ella, se propuso quererla hasta que su corazón no pudiese más. Y ese momento había llegado. Axel la quería con locura, la quería de una manera desorbitada. Siempre sería ella, Ginger, su pequeña pelirroja.

Por el miedo a perderla de otra manera, había puesto este punto final. Un punto que le dolía demasiado. Miró atentamente en la distancia y vio su cabello largo y revuelto en el suelo. Relucía entre las farolas que alumbraban la noche. Quiso ir a donde ella, acurrucarla entre sus brazos y decirle lo mucho que la necesitaba. Cosa que no quería hacer, aunque sus piernas sí. Sin saber cómo ni porqué estaba corriendo hacia donde ella. Tenía un cuerpo atlético así que no le impidió llegar hasta ella en unos minutos.

—¡Ginger! Ginger mírame —dijo el moreno mientras agarraba su cara entre sus manos—. Por dios, Ginger no hagas esto más difícil.

Ella le miró, aun tenía los ojos y mejillas húmedas. Se notaba en su cara que no tenía ninguna esperanza. Había perdido esa gracia que tenía cuando él rondaba por al lado suyo. Esa amplia sonrisa y una perfecta aura que contagiaba a todo aquel que se le acercaba. Tocó el pómulo de Axel con las frías yemas de sus dedos y bajó lentamente hasta terminar en su mandíbula. El dolor que sentía no se podía comparar con ninguno, una presión en el pecho le oprimía bruscamente, impidiéndole respirar con facilidad. Cerró sus enormes ojos verdes, así haciendo que algunas lagrimás cayesen por su redonda cara. Después los abrió para mirarle atentamente, mirar sus ojos marrones, aceptar que a él también le dolía todo aquello. No sabía exactamente que pensar.

Él seguía con sus ojos clavados en la pelirroja, le dolía igual que a ella, y también le dolía aun más verla de esa manera. Rota, con los ojos vacíos, sin esperanza, nada que le dijese que podía recuperarla. Pasó uno de sus dedos por sus mejillas y así secar los caminos que habían recorrido aquellas lágrimas. Ella no se opuso a que la tocara, así que pasó uno de sus brazos por su espalda y para así resguardarla del frío que hacía. Ginger puso sus dos manos en su pecho para así agarrar los extremos de su sudadera y acercarse más a él. No sabía que sentía, ni que debería sentir, pero le necesitaba. Ese era el único impulso que necesitaba en esos momentos.
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December

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